El mundo es así de complejo

El mensaje principal de The Road to Serfdom, de Friedrich A. Hayek –del cual he leído una versión simplificada– es que la planificación central de la economía conduce, inevitablemente, al deterioro de las oportunidades y las libertades individuales.

La conclusión del libro The Rule of the Clan de Mark Weiner –del que sólo he leído reseñas– es que la organización social descentralizada, aunque –frente a lo que dice Fukuyama en The Origins of Political Order– es posible sin guerras entre los grupos, conduce inevitablemente al deterioro de las oportunidades y las libertades individuales.

¿En qué quedamos?

Personalmente, he vivido ambos casos de falta de opciones y libertades individuales: la centralizada (gran dictador con varios pequeños dictadores wannabe) y la descentralizada (pequeño dictador sin más).

En fin, como no cabía esperar otra cosa, el asunto es inevitablemente más complejo y habrá que seguir leyendo y observando.

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Clerks

Clerks

Clerks empezó dándome pereza (me recordó otra película –aburrida– que también se desarrollaba alrededor de un lugar fijo, en ese caso un bar) pero las ropas noventeras que yo también llevaba de adolescente y, sobre todo, las conversaciones filosóficas de Dante y Randal, acabaron enganchándome por completo.

Muy buena, por cierto, la escena intercalada de cómic, una solución de contar cosas difíciles de contar que ya me gustó en Kill Bill.

Actualización 20/05/2013: Muy recomendable también Clerks 2.

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Enlaces de la semana

Una pequeña colección de los artículos que me han llamado la atención durante la semana.

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Stefan Zweig sobre los revolucionarios profesionales

Pero incluso en las personas de confianza me aburría la esterilidad de sus eternas discusiones y su encajonamiento voluntario en grupos radicales, liberales, anarquistas, bolcheviques y apolíticos; por primera vez pude observar de cerca al auténtico tipo de revolucionario profesional que se siente enaltecido por su simple actitud de oposición y se aferra al dogmatismo porque carece de soporte en sí mismo. Permanecer en semejante confusión hecha de charlatanería significa confundirse uno mismo, cultivar compañías dudosas y poner en peligro la seguridad moral de las propias convicciones.

De hecho, ninguno de aquellos conspiradores de café se atrevió nunca a conspirar; de todos aquellos políticos universales improvisados ninguno supo hacer política cuando hizo falta. Tan pronto como empezó la tarea positiva, la reconstrucción después de la guerra, cejaron en su actitud negativa y criticona, del mismo modo que muy pocos escritores antibelicistas de aquellos días lograron escribir obras importantes después de la guerra. Había sido la época, con su fiebre, la que escribía, discutía y hacía política por boca de ellos y, como todos los grupos que deben su unidad a una momentánea constelación y no a una idea vivida, todo aquel círculo de hombres interesantes y dotados se desintegró sin dejar rastro tan pronto como hubo desaparecido la resistencia contra la que luchaban: la guerra.

En su autobiografía El mundo de ayer.

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